
Cada noche la ciudad tiembla, sus cimientos rugen, hay paranoia en el averno. El Leviatán anda desconsolado buscando a su fiel cancerbero, éste ha huído.
Pero la superficie permanece efervescente, aguarda la espera de los cuervos que se posan en los palcos y en los balcones de las viejas casonas, infestadas de aristocráticas ancianas que aún conservan dentro de sus mesitas de noche aquellos planos cartesianos con itinerarios negativos y positivos, con esas medidas que lograron conquistar los adoquines que ahora pisan sus sórdidos pies. Tocan a la puerta, ladran. El caos vive de nuevo.
.DESORDEN.VISCERAL.INSALUBRE

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